(Magistral carta de un pensador toledano)PASADO Y FUTURO - PRETÉRITO FUTURO
En la soleada mañana del 21 de Junio de 1941, Serrano Súñer, desde un balcón de la madrileña calle de Alcalá exclamó: ¡Rusia es culpable! y miles de jóvenes acudieron a los banderines de enganche; la División Azul comenzaba a gestarse.
En Abril de 2004, a las veinticuatro horas de celebrada la Investidura del nuevo Presidente del Gobierno, la madrileña calle de Ferraz se encuentra colapsada por una manifestación espontánea que congrega a miles de personas. La expectación es enorme. La convocatoria, efectuada desde el atardecer de la jornada anterior por medio de mensajes a los teléfonos celulares y al correo electrónico, ha funcionado a la perfección. Al mediodía, el silencio. Las hojas del balcón central de la sede del Partido Socialista Obrero Español se abren enérgicamente. En la calle, nadie abre la boca, nadie respira, nadie pestañea, se encuentran hipnotizados ante sus Jefes; primero y en el centro, el Secretario General del Partido y a ambos lados, los miembros de su Ejecutiva; pegado a él, a su izquierda, Pepiño Blanco, su portavoz.
Los segundos se hacen minutos, lágrimas de emoción afloran entre las congregadas y los congregados. De súbito y desde lo alto, una voz desgarradora, atronadora, exclama: ¡La derecha es culpable!... La multitud enardecida, se vuelve loca. Ondean sin parar las banderitas que, espontáneamente, se han ido recogiendo del suelo... desde arriba se pide calma, sosiego, silencio. La misma voz, con énfasis de César romano, proclama: ¡Nuestras tropas, subyugadas al Imperio yanqui, vuelven a casa, nuestros soldados no pintan nada en Irak!... Es el sumum, la catarsis colectiva, ellas y ellos comienzan a llorar de emoción.
Desde la azotea las cámaras desplegadas por No-Deprisa, ahora dirigidas por el inmarcesible director Peter Almodóvar que tras sus ocho años de obligado exilio ha vuelto a su amada y ¡por fin! democrática España, no paran de filmar primeros planos; hay que guardar para las generaciones venideras tan importante acontecimiento. La emoción es indescriptible.
Desde el balcón se pide calma, sosiego, silencio. La voz, acompañándose de una sonrisa de oreja a oreja expone atipladamente: ...¡por eso y cómo una lección al Mundo Libre del modo de vida que propugnamos, es por lo que desde este momento quedan abiertas las listas para que, de forma voluntaria y desinteresada, os apuntéis para ir y ayudar a nuestro querido pueblo Irakí en el afianzamiento de las ideas democráticas y en la reconstrucción material allí comenzada!... Por momentos, se atisban de entre el gentío algunas cabezas asintiendo si bien no muy convencidas, unos a otros se miran sin abrir la boca. Sólo entonces desde el balcón adyacente surgen las voces de los grandes artistas e intelectuales del pueblo, adalides infatigables de la libertad, defensores probados de la Democracia, desinteresados y maduros luchadores por los derechos de los demás... ¡Sí, compañeras y compañeros, id a ayudar, es vuestro deber; demostrad y demostraos de lo que sois capaces... acudid camaradas, andando si es preciso!... Desde el balcón central, conmovidos, se les envía con un gesto un profundo abrazo.
Abajo, en la calle, la masa mueve la cabeza de un lado a otro pensando, cavilando, no muy convencida; acto seguido y alzando sus cabezas, comienzan de forma enérgica a cruzar sus brazos izquierdos sobre sus brazos derechos al tiempo que, juntando sus bocas y dejando salir un tanto la punta de sus lenguas, dedican una explícita y espontánea pedorreta a sus líderes para, al cabo de unos minutos y como si aquí no hubiera pasado nada, comenzar a desfilar hacia los bares cercanos a tomarse unas cañas y comentar la jugada.
Arriba, los balcones se cierran y alguien, antes de ganarse una sonora colleja, manifiesta: ¡Joder con la gente, la idea era fabulosa!.
(Víctor Girona Hernández)